Éxito y fracaso
Siguiendo con los personajes: Chano es el más ambicioso de los “perros verdes” y el más dispuesto a luchar por sus objetivos en la vida que le espera o cree que le espera. (“El amor y la lucha”: https://www.piomoa.es/?p=22533). Otro rasgo suyo se lo explica a Mariantonia al comienzo de su relación:
“Me gustaría tener grandes éxitos y grandes fracasos, la riqueza y la miseria, probar todo. Una vida anodina, como marcada desde el principio, la vida corriente, la vida doméstica, todo eso me causa horror”. Mariantonia se asombra : “¡Qué raro eres, nunca oí a nadie desear un fracaso, todo el mundo quiere escapar de eso…”; y tras un momento de reflexión lo entiende de otro modo: “¡Qué fuerza interior debes tener! ¡Ser capaz de desear algo así solo por conocer la vida…!”. Desear experimentar el fracaso supone en cierto modo situarse por encima tanto de él como del éxito, algo smejante a “los dos impostores (el Triunfo y el Desastre)” en el If de Kipling. No obstante Chano no piensa tratar a los impostores con la indiferencia que sugiere Kipling en su poema, sino a vivirlos con intensidad. Y cuando el “fantasma” cuenta sus experiencias en el GULAG, al borde de la muerte, expresa su deseo de llegar a contar con algo semejante en su curriculum (y sobrevivir, se supone), para irritación de su mentor el comunista Diego. Chano resulta así el más complicado o enrevesado de sus compañeros, aun siendo el más joven. Aspira a conocer la vida, como dice Mariantonia, en sus manifestaciones más contrarias.
Claro que conocer no es sinónimo de entender. Por entonces Chano coqueteaba con el marxismo, aunque con prevención. Y viéndolo en perspectiva, de haber vivido lo suficiente (estamos en 1967), habría podido experimentar el fracaso de aquella idea y nunca su éxito. Y aquella jornada de los cuatro iba a terminar para él abruptamente, en un fracaso accidental que quizá fuera el definitivo y el que espera a todos. Decidir el propio destino es una aspiración invocada a menudo por los políticos. Una aspiración ridícula.
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Historia de un régimen recién fenecido (I)
¿Puede darse por fenecido el régimen conformado por la Constitución del 78? Casi nadie lo ve así, como si todo siguiera sin ambios de fondo. Es normal, pues rara vez percibimos el sentido y consecuencias de lo que ocurre ante nestros ojos: casi siempre lo vamos entendiendo más tarde, o mucho más tarde. Pero la amnistía de 2024 anula aquella Constitución al declarar legítimo el golpismo separatista, al anular su delito y romper el fundamental artículo 2, que garantiza “la indisoluble unidad de la Nación española”. El régimen ha muerto por suicidio, y no es la primera vez: algo semejante ocurrió en 193o-31 con la monarquía liberal de la Restauración.
Pero antes de llegar a ese extremo han transcurrido 46 años, y es hora de abordar la historia de este régimen, el sexto vivido por España en el siglo XX y lo que va del XXI, y el más prolongado después del de la Restauración (1876-1923). Intentaré aquí un esbozo que permita cierta orientación en el cúmulo de sucesos y detalles a menudo contradictorios, que pueblan este largo período.
1) El primer problema del régimen fue el de la continuidad-ruptura con el franquismo. La facilidad con que este fue desmantelado en el aspecto político-administrativo revela que ya sufría una profunda crisis, arrastrada desde el concilio Vaticano II y agravada por presiones del entorno europeo y useño. Muchos esperaban o temían una caída violenta, por un golpe militar o revolucionario al estilo del ocurrido en Portugal, pero no ocurrió nada así, y ello se debió a un triple rasgo del franquismo, generalmente: a) Careció de oposición democrática, b) Los viejos odios de la república y el frente popular estaban olvidados para la inmensa mayoría en una sociedad próspera. c) Precisamente por ello, la oposición era muy débil (el terrorismo expresaba esa debilidad, a su modo). En consecuencia, la transición a un nuevo régimen se hizo siguiendo las previsiones del propio franquismo, en las que la monarquía tenía un peso de la mayo relevancia como símbolo de la continuidad histórica de la nación.
2) El tránsito a la democracia fue dirigido en primera instancia por Torcuato Fernández-Miranda, hombre culto, con sentido del estado y de la historia, consciente de que el nuevo régimen debía mantener una básica continuidad y evitar nuevas convulsiones, salvaguardando la legitimidad histórica y el espíritu del franquismo: fundamentalmente la unidad nacional y la cultura de raíz cristiana, en cuya defensa se había librado una guerra civil que no debía haber sucedido en balde. Ese programa fue apoyado por gran mayoría popular en el referéndum de diciembre de 1936: democracia desde, y no contra el franquismo.
5. Por desgracia, el proceso cayó enseguida en manos de Juan Carlos y Suárez, dos personajes frívolos, incultos y oportunistas, que emprendieron un proceso político en que la farsa y el olvido de la historia desempeñaron un papel excesivo. Un resultado sería la Constitución del 78, cuyo segundo artículo antes citado debilita la unidad nacional al añadirle “el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran”. El concepto de “nacionalidades” no va ligado histórica y conceptualmente a la autonomía, sino a la autodeterminación, a la secesión, y niega solapadamente a España como nación, insinuándola como algo similar al Imperio austrohúngaro o al ruso. Izquierda y separatistas pudieron introducir el concepto, que Torcuato y otros vieron como una bomba de relojería, por la mencionada incultura y frivolidad de la mayoría de los políticos de derecha salidos del franquismo, y por la influencia democristiana en ellos: los líderes separatistas eran también democristianos.
6. La Constitución tiene otros defectos serios, aunque este es el principal: resultó una Constitución ambigua, y no es de extrañar que desde el principio fuera muy vulnerada y finalmente anulada por movimientos ligados a aquellas concepciones histórico-políticas que desde el principio enturbiaron su aplicación. Sin embargo, el proceso hasta la amnistía golpista ha sido muy complicado. Las deficiencias de la transición, en parte explicables por la novedad del proyecto, pudieron haberse corregido, pero más bien se fueron agravando. Hasta que el 20 de noviembre de 2002, aniversario de la muerte de Franco, el PP hizo imposible la corrección, y el régimen entró en involución hasta el golpe definitivo.
Esos 46 años los he tratado en El PSOE en la historia de España, pero necesitan una historia particular.
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